- Éste capítulo nos enseña que debemos orar permanentemente, por nuestros hermanos para que vivan en Cristo en quien están escondídos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Porque por medio de Él llegamos a la plenitud de la verdad, porque todo lo que tomamos viene de su plenitud y de su deidad.
- También somos advertidos de no dejarnos engañar por falsas doctrinas, ahí vemos a Dios protegiéndonos y guardándo nuestras vidas, como lo haría un padre con sus hijos. Que nadie nos engañe por medio de filosofías, y huecas sutilezas. Existe la posibilidad de que seámos tentados en nuestras debilidades, y nos quieran engañar con palabras falsas, por lo que recordarémos éstas palabras de sabiduría. Gracias a Dios quien nos guarda en su plenitud.
- En Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, porque fué la voluntad de Dios, quien ha hecho posibles todas las cosas por medio de Cristo, por amor a si mismo, y nosotros como parte de Él. Somos dignos de tal regalo porque Dios nos hace dignos, somos partícipes de Cristo porque es nuestra naturaleza, que no es más de la carne sinó de lo celestial, porque somos poco menores a los ángeles y tan bellos al ser imágen de Dios. Gloria a Dios. ¿Quién entenderá todos éstos misterios?, - Sólamente lo reveláste a los que te aman, a quienes hicíste hijos de tu simiente.
Aplicación:
- Ésta ciudadanía es celestial y no terrenal que no vive de las necesidades de la carne sinó de la plenitud de Dios, de la cual tomamos todo. Nuestro único alimento y vida es todo esplendor que sale de la boca de Dios, quien nos mantiene y en el cual permanecémos, y lo harémos por siempre. Gracias a Dios por tal regalo, gracias porque podemos expresar lo que sentímos, gracias porque podemos pedir por quienes amamos, esperando sean llenos sus graneros y su corazón con vida y justicia. Gloria a Dios por siempre...
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