jueves, 7 de agosto de 2014

Boris - Mal 2 - Inigualable amor


TIEMPO DE CALIDAD: 15 minutos.
  1. Dios de justicia, quien se complace de la ofrenda hecha con sinceridad y con la más buena intención de parte de los que le aman y le buscan de corazón. No así de quienes ofrendan a dioses ajenos y andan creyendo que Dios se complace aún de los que hacen lo malo y pervierten sus corazones; para tales Dios ha dicho que no prosperarían y al final se verían humillados. Seamos sinceros con Dios, seamos honestos con El Señor.
  2. Así como Leví, que fué hallado en total rectitud delante de Dios, así andemos en justicia de la mano del Señor, andemos en caminos de bien y en la verdad de su palabra. Andemos en Espíritu de Dios y no corrompamos más nuestra alma; para ser justos tanto con los hombres así como con Dios; con la mujer de nuestra juventud como con el pacto que un día le hicimos. Dios no se agradará en los que hacen lo malo delante de sus ojos.
  3. El hombre de Dios ha de ser justo en todo sentido y ha de ser honesto consigo mismo para andar en rectitud y no faltar a las promesas de bien hechas por sus padres, para no faltar al deseo de Dios de que seamos salvos y limpios delante de Él. Seamos fieles a Dios, andando en la verdad y haciendo obras de bien con los que aún no vuelven a los caminos de Dios, aquellos que andan equivocadamente vean que sólo hay un Dios verdadero y también reciban justificación.
APLICACIÓN:
  • El Señor Jesús es la verdad y la vida, en Él está la luz y la justicia, por su sangre fuimos limpios y por su muerte justificados; tan grande regalo no puede ser rechazado y no puede ser desechado, y Dios con toda misericordia se acerca a nosotros para darnos perdón y un nuevo comienzo en una vida de esperanza y rectitud. No la despreciemos, no hagamos ofrendas equivocadas y faltas de amor, no nos desplacemos por caminos de iniquidad y de falsedad, clamemos a Dios y Él nos responderá.
  • Dios es proveedor y es el que nos levanta en una vida mejor, proveyó de la mujer de nuestra juventud y anduvo pensando en nosotros cuando fuimos condenados por el pecado y por la llama de un mundo acusador. Cuán grande amor Dios nos dio, cuán grande perdón Él nos mostró; inigualable es su amor, inalcanzables nuestros sueños sin la ayuda del Señor.