- Éste capítulo nos habla hacerca del sacerdocio, que fué dado por la ley en el orden de Melquisedec, la ley fué dada por Dios y así mismo fué cumplida; entonces habían hombres que seguían la línea de Aarón, llamados levíticos intercesores del pueblo que primeramente pedían el perdón de sus propios pecados y luego por el perdón de los pecados del pueblo, éstos eran los sacerdotes mortales... y fuéron muchos porque la muerte impedía que continuaran.
- Ahora pues, luego de la ley se dió el juramento de Dios, haciéndo a Cristo sacerdote para siempre, no era un levítico, ni tampoco del pueblo, mas era el hijo de Dios... y se hizo hombre; santo y sin pecado, tal cual lo es un sacrificio digno de ser presentado. Así es que se entregó por nosotros y nos liberó para siempre.
- Cristo tiene vida para siempre, Cristo no ha muerto, entonces si tenemos un sacerdote que vive para siempre e intercede por nosotros, su sacrificio es perpetuo, así como nuestra salvación. Gloria a Dios, que viva Cristo!!!.
Aplicación:
- Recordarémos siempre la muerte de Cristo, porque es nuestra gran esperanza, porque no existe hombre que pueda negar su pecado, no existe algúno que por sí mismo sea salvo. Cristo es nuestro sacerdote eterno y su sangre vale por nuestra salvación para siempre. Que viva Cristo, Gloria a Dios!!!.