- En éste capítulo Dios nos muestra cómo se realizó el trabajo de evangelizar a los hermanos que se encontrában en Tesalónica de quienes se habla como llenos de fe y devoción. Para ello Dios dispuso a sus siervos a quienes probó en toda adversidad y oposición para que sea anunciado el evangélio de su gracia. El poder de Dios es tan grande que no hay circunstancia que impida su fluír.
- Éstos siervos a quienes envió Dios realmente se esforzáron, con un objetivo fijo, con una misión especial, buscándo agradar a Dios y no a los hombres, ni a uno solo; de igual forma que el deséo de lo nacido de Dios es... agradémos a Dios y no a los hombres. Confiámos en Dios.
- El amor se engrandece, se amplía y resplandece ante Dios, cuando damos la vida por aquéllos a quienes Dios escogió para formar parte de su reino. Ciertamente la iglesia es más valiosa que la vida mísma.
- El trabajo del enviado ha de ser perfeccionado para la hora de ponerse de manifiésto, de modo de llegar a ser santo, justo e irreprensible. Es necesario llegar a éste nivel, pues la obra debe ser perfecta.
- Cuando invertímos nuestras vidas en éste propósito Dios pone lo demás, porque las obras de sus siervos se levantan con aún más poder... los discípulos llegan a ser imitadores de la iglesia, éstos frutos son nuestro gozo y gloria de Dios.
Aplicación:
- La Iglesia es más importante que la vida misma. Si algúno quiere ser perfecto, trabaje en la obra del Señor, confiándo en Dios no habrá circunstáncia que impida el fluír de su poder. Satisfacción y corona es la Iglesia. Gloria a Dios!!!.