martes, 13 de abril de 2010

Boris - Sal 79 - Salir de la esclavitud

TIEMPO DE ORACIÓN: 30 Minutos.
  1. El precio del pecado es la muerte... y es por eso que los hombres búscan quién les perdone los pecados. Nuestras generaciones han cometido faltas contra Dios, y aún lo hacen, como dice la palabra: se entregaron a pasiones de la carne, duele mucho enterarse de los pecados que ahora se hacen públicamente por causa del enfriamiento y alejamiento de Dios. Porque ya para algúnos no hay Dios, y se han concentrado en hacer mayores transgresiones en contra de Dios y contra su palabra... ¿Acaso no hizo lo mismo el diablo?, pues fué el primero en enorgullecerse y ahora buscar enfermar a los más débiles en espíritu.
  2. Creo que hay un juicio para todo lo que ahora acontece, y también creo que Dios no está contento con todo ésto, (¿acaso Dios no tiene derecho a sentirse traicionado?... ) cada día los hombres cometen mayores pecados, pero hasta eso tiene un límite, pues la imaginación del hombre también también está limitada, no llegará muy lejos la maldad que envuelve a éste mundo.
  3. Dios nos creó a su imágen, y ésto es lo que el diablo aborrece, pues tanto más nos dañe, más placer tendrá por creer que hiere a Dios. El hombre no es un títere por defecto, tampoco puede ser obligado a pecar contra Dios, porque Dios no mira los hechos sinó las intenciones del corazón, y además Dios nos dió libertad... para soportar al diablo y para decidir creerle a Dios.
  4. Hay hombres como David, que en medio de tormentos y de calamidades fué fiel y clamó por el pueblo de Dios, que a pesar de ir en contra de Dios, aún así merecía misericordia, así como todos nosotros. También en éste tiempo hay hombres de fe como David, que viven en constante oración por las naciones y ésto para que Dios tenga misericordia... y sabémos que los tiempos son cortos, y que éste es el tiempo de la gracia.
Aplicación:
  • Hayan más obreros en la mies, porque es necesario; Dios permita el crecimiento de los creyentes y que éstos se conmuevan y clamen a Dios.
  • Que mi oración sea como la de David, que pueda clamar a Dios y no tan solo por mi mismo.