- Verdaderamente la palabra de Dios es más cortánte que la más fila de todas las espadas, y nos confronta con la verdad. La verdad es que todas las equivocaciones del hombre están en el corazón y parten de ahí.
- No sabemos pedir, y ésto se refiére a que pedimos cosas que van contra la volutad de Dios, pedimos cosas vanas y sin sentido y por éso es que no recibimos; mas si es de Dios ciertamente vendrá con gran prontitud, gozo y bendición. Primeramente deberíamos acercarnos a Dios, quien nos limpiará de todo pecado y nos exaltará.
- Ésta vida se desvanecerá en poco tiempo, y en éste corto tiempo ¿acaso no nos humillarémos a Dios, y Él nos exaltará?, la verdad es que no somos dueños de nada y es a Dios a quien debemos lo que somos. Porque somos de su naturaleza.
- Ahora bien, harémos lo bueno para con nuestro prójimo, no hablándo contra él porque no hemos sido llamados para hacer de jueces sinó más bien para santificarnos y bendecir a los demás; porque no hay culpa mayor en el hombre que no sea perdonada; porque Dios derramó de su gracia sobre todo hombre en ésta tierra. Por ser de su naturaleza tenemos un llamado mayor que es el de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, ciertamente le será contado por pecado.
Apicación:
- Es mi oración que te acuerdes de los hombres, que aún incautos y equívocos siguen siendo tu creación. Derrama de tu perdón no solamente sobre mis hermanos sinó también sobre mi vida y mi corazón. Limpia toda vida y restáurala para siempre.