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- No hay nación que se exalte a sí misma sino la exalta Dios, no hay hombre que pueda enseñorearse de la obra de sus manos si no lo permite El Señor. Por tanto, todas las cosas están sujetas a la voluntad de Dios y a su gran benevolencia, porque no somos capaces de crecer un solo centímetro por nuestra propia cuenta y porque no somos dueños de nada por cuenta propia sino que todo le pertenece a Dios; gracias a Dios por todas las cosas y porque deja que todo acontezca para bien de nosotros los hombres. Amén.
- Así es que Dios somete a las grandes naciones a su voluntad, todo por haberse apartado de los designios del Señor y por haber enorgullecido su corazón, para siempre vive El Señor y vive su Espíritu. Sea en nuestros corazones hecho realidad el sueño de Dios, de cumplir su voluntad exaltarle a Él por sobré toda aspiración, mostrarle cuanto le ama nuestro corazón y cuanto ha esperado por su dulce compañía; que nos enamoremos más del Señor, que busquemos de corazón y con sinceridad su nombre y la gracia que hay en sus manos. Amén.
- Realmente El Señor es Dios protector, que guarda del débil y del menesteroso, de aquel que tiene necesidad y el débil de espíritu; Nuestro Dios es grande y fuerte, es poderoso para sanar y para restaurar, para liberar y para exaltar al que ha caído, es poderoso para mostrar su gloria y para levantar el ánimo del que ya no tiene esperanza, El Señor es bueno, y para siempre es su misericordia. Amén.
APLICACIÓN:
- Grande es El Señor, grandes son sus obras, con su voz afirmó los cielos y formó toda la espesura de la tierra, se hizo carne para pagar el pecado que debía caer sobre nosotros y nos dio libertad. Así tan grande es nuestro Dios, así de maravilloso es su amor; por lo cual somos llamados una vez más a vivir en su palabra y a ser parte del redil en un mismo espíritu y en un mismo corazón, aquel que busca con ansias servir al Señor.
- Las palabras no son suficientes, no alcanzan para exaltar su nombre, sólo satisfacen nuestra impetuosa necesidad de adorar, pero Dios está en tanto que nosotros le buscamos, Él muestra su rostro en una luz que no se apagará jamás. Por las misericordias de Dios y por sus palabras de vida, una vez más adoremos su nombre santo y bendigamos su gran amor en nuestras vidas, pues sí intentamos imaginarlo no podríamos en lo mínimo. Adoremos al Señor.