miércoles, 3 de febrero de 2010

Boris - Sal 36 - ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia!

  1. Tal como dice el Salmo, me ha ocurrido estar en la ocación de no aborrecer el mal, de escuchar esa voz engañadora y cometer iniquidad ante Dios, declarada culpable es mi alma, porque no escuché la voz de mi Dios y me equivoqué muchas veces, luego reaccioné y me arrepentí, pero aún después, vuelvo a escuchar la voz del engaño, ruego a Dios, sálveme de éste martirio constante... mi Dios me librará.
  2. Pero la misericordia de Dios es más grande que mis errores, en todo sé que soy perdonado, porque mis delitos pueden ser lavados... ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! porque tienes perdón en cantidad y tu justicia me libera en mi debilidad, Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz. Gracias a Dios hay restauración.
Aplicación:
  • Siempre me encuentro con la fidelidad de Dios, todo el tiempo me sorprende su gran bondad y su perdón... Gracias a Dios.