TIEMPO DE CALIDAD: 15 Minutos.
- El Señor conoce el corazón de los hombres y todos sus pensamientos, conoce los muchos sueños y todos sus anhelos en la tierra, por mucho que nos alejemos de Dios Él conoce todos nuestros caminos, ninguna vida hay que Dios no la haya conocido de antemano. También conoce el orgullo de nuestro corazón y el egoísmo que nos envuelve, por tener naturaleza pecaminosa y haber fallado tantas veces en su lugar santo, hoy recordemos lo que dice Dios, que de lo sumo será cortado el que exaltare a sí mismo.
- Por lo tanto, deberíamos reflexionar y entender lo que Dios está hablando, deberíamos escudriñar nuestro corazón y entrar en cuenta de la gravedad de tener un corazón tal vez manchado por el pecado y tal vez confundido por las mentiras del pasado. Mucho hay en la predisposición del corazón y mucho en las palabras que salen de nuestra boca, todo con respecto a nuestra propia sanidad y a la liberación de nuestro corazón. Dios sabe porque hace las cosas y sólo Él es quien nos puede dar fuerzas para luchar.
- No caigamos como Egipto en su mejor momento, seamos sensatos para entregar nuestro corazón al Señor y no a las tinieblas, tomemos decisiones que nos acerquen a Dios, que nos hagan ser mejores cada día; todo por amor a Dios y por la paz que sólo Él nos puede dar, para su gloria y para exaltar su nombre. Paz nos dará El Señor, el día de nuestra entrega y cuando sea limpio nuestro corazón.
APLICACIÓN:
- Digno y santo es El Señor, lleno de gloria y honra, Rey de nuestro corazón, nuestro príncipe de paz cuyos sueños están grabados en nuestro corazón. Fortaleza del que camina sin consolación, fuerza para el derrotado y fuego para el que nada en medio del temor. Consejero y amigo fiel en medio de la desolación, para siempre exaltado en nuestro corazón, Aleluya gloria a Dios.
- El edén de Dios, lugar santísimo que Dios planto en nuestro corazón, florezca como el más bello de su clase y brille como el más hermoso de los huertos que haya creado El Señor, como el día en que brillo su amor al conocerle y ser limpio de corazón, como el día en que nos llamó, bendito sea el nombre del Señor, bendito y glorificado su santo nombre por el que decidió depender de Dios. Aleluya, gloria a Dios.