- Cuando el Señor toca una vida, ésta se llena de confianza y de fe. Diría yo que el que habla es aquél a quien Dios a tocado y a quien ha hecho perfecto, perfecto para su gloria y majestad. Entonces de cierta forma cuando el Espíritu de Dios nos cubre, somos poderosos e invencibles para vivir en su voluntad.
- También veo que cuando todo ésto sucede es que podemos ver con más claridad la diferencia entre lo que es limpio y separado para Dios, con lo que no lo es... ya que al tener El Espíritu de Dios en mi vida no querré que nada pueda manchar mi preciosa alma, todo le pertenece a Él.
- El Señor es bueno, y su misericordia y gracia giran al rededor nuestro. Dios sujetó todo a nuestros pies, mas me llama la atención que está escrito que también habrá una cosecha en la que se apartará lo bueno de lo malo de la ciudad de Dios. Por eso creo que en realidad su gracia me sostiene.
Aplicación:
- Tengo el deséo de vivir lo que ésta palabra me muestra; de oír al Espíritu de Dios, pero ahora oírlo de verdad para que no me olvide de su voluntad.