TIEMPO DE CALIDAD: 15 Minutos.
- Nuestra incredulidad asombra, nuestra envidia nos lleva a cometer los peores errores y faltas, somos débiles en nuestra carne y no tenemos sabiduría si no nos la da El Señor. Luchamos para comprender y aceptar muchas cosas que vienen del cielo, tratamos de ser salvos aun si no conocemos a Dios, somos criaturas creadas para buenas obras, mas nuestros ideales a veces son erróneos. A Dios dejemos nuestras vidas, a Él la carga de nuestras culpas.
- Pero si el mismo Jesús nos ha enseñado y en sus palabras hoy somos instruidos, vamos al padre, no siendo justos ni entendidos de letras vamos a sus pies, a adorarle, bendecir su santo nombre, vamos a rendirle honor, a darle la gloria por siempre; porque hoy también hay que adorar al Señor, hoy también dejarle todo a Él, aún lo que nos cuesta entregar, realmente si oyéremos su voz y le conociéramos iríamos a Él y le dejaríamos todas nuestras cargas, entonces podríamos crecer.
- Habrán ladrones y saltadores, muchos crueles engañadores, todos aquéllos que dieran su vida en pecado y muerte, si los habrán, mas en El Señor esta nuestro refugio, solo en Él nuestro galardón, en El Señor nuestra esperanza y nuestra salvación, en sus obras maravillosas nuestras señales, sólo con Él nuestro caminar, en su justicia que es más preciosa que toda conciencia. Perdónenos, perdónenos El Señor.
APLICACIÓN:
- Muchas son las misericordias del Señor, muchas sus palabras de ánimo y grandes sus prodigios, grande en hermosura y en poderío, el buen pastor, al que oímos y reconocemos, en quien confiamos ciegamente y en quien andamos con esperanza y sueños en el corazón, solo en Él nuestros deseos, nuestra esperanza. Bendito El Señor por siempre y siempre.
- Gloria al Padre y gloria al Hijo, gloria al Santo Espíritu. Por siempre exaltado y por siempre bendito, por todo lo que hizo y por todo lo que vimos de su favor, por todo y mucho más hoy le adoramos con el corazón, le rendimos honor y gloria, le damos nuestra pasión y sobre Él descansamos confiados, porque sólo en Él está nuestra victoria y nuestra gloria, sólo en Él nuestra salvación, nuestra redención.