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- Impresionante es mirar la actitud de los hombres cuando no tienen a Dios consigo, cuando viven gobernados por la inmundicia, el pecado y por consiguiente la muerte; solamente les importa el qué dirán, sólo les importa lo que piensen los demás, los juicios que pongan sobre ellos; tienen miedo y andan error tras error. Hombres como Herodes cuyo corazón vivía sepultado en la riqueza y el poder, cuyos pensamientos sólo eran de lujuria y de placer, un claro ejemplo de una vida echada a perder.
- Los milagros de Jesús continúan, son parte de la voluntad del Padre, tanto al andar sobre el mar como para sanar enfermos, para liberar los corazones; es más brillante para nosotros, es más hermoso para nuestras vidas, más precioso de lo que antes habíamos podido imaginar. Cristo, nuestro Salvador, también sacrificado por los hombres, mas en todo el primero y dueño del poder y la gloria; hermoso Dios, nos dio una lección y aún a los que viven perturbados de corazón para que entiendan que las obras de la carne no prevalecerán nunca, jamás serán mayores que la voluntad de Dios. Amén.
- Dio alimento a más de cinco mil, pero hoy da libertad a toda la humanidad, da victoria y muestra que también nos ha dado poder, nos ha mostrado el camino de paz, el sendero de la libertad, la verdad y la justicia. Nos vio y pensó en nosotros como lo más precioso de su jardín, nos amó como nadie lo hizo jamás, nos tocó y sanó nuestras heridas por su gran amor.
APLICACIÓN:
- Cuán precioso es el amor de Dios y cuán débiles nuestras mentes y nuestro corazón, cuán difícil más no imposible es rechazar nuestra naturaleza pecaminosa, por la que se compromete nuestra alma si no buscamos del Señor. Hoy es un día más para pensar en las maravillas de Jesús, en el amor del Padre y la gracia que viene de su presencia.
- Por tanto, antes que buscar satisfacer deseos pecaminosos, deberíamos recordar las palabras de Jesús, recordar sus milagros y las obras de bondad que nos enseñó, deberíamos recordar toda esa misericordia en nosotros, toda esa belleza en nuestras vidas y pedir a Dios ser moldeados a su imagen, la de Cristo, para buscar perfección de la mano de la sabiduría de Dios.