martes, 3 de marzo de 2015

Boris - Jn 17 - Mi amado Jesús


TIEMPO DE CALIDAD: 15 Minutos.
  1. Qué magnífico es nuestro Dios, y el testimonio de Jesús ha sido que ha vuelto al Padre al lugar donde estuvo antes de la fundación del mundo, para dar testimonio por la eternidad de los que le han recibido; así es que El Señor nos ha guardado en su amor y en el amor del Padre para que juntamente con Él uno seamos con El Padre, para que Dios nos ame como amó a Cristo. Y con el mismo amor nos amemos nosotros también hasta formar una unidad en Él, amén.
  2. De los que le fueron dados no se ha perdido ni uno, sólo el que le había de entregar porque esa fue la voluntad del Señor, de modo que su amor permaneció hasta el final y su amor permanece en nosotros para testimonio a las naciones. Qué maravilloso es El Señor, sus palabras son verdadera vida y verdadera gracia a nuestras vidas; hoy sabemos que no nos ha dejado solos sino que guarda nuestras vidas junto a Dios, clama por nosotros y veremos ser levantados en su misma gloria como nos lo ha prometido, y Dios no miente.
  3. Amén, cuán maravilloso eres Señor, cuán precioso eres Dios todopoderoso, cuán bueno Dios. Faltan palabras para celebrar, para saciar el hambre y sed de tu Santo Espíritu, para aliviar nuestra necesidad, por lo duro que ha sido estar en la carne no siendo del mundo hoy vinimos a glorificarte en Espíritu y en Verdad, en hambre y en necesidad, el corazón no halla sustento en ninguna otra cosa que no sea en amar a su creador, en seguirle y buscar saciedad y paz. Considerémonos parte de un plan, así lo quiso Dios.
APLICACIÓN:
  • Gloria a Dios, gloria a Cristo El Salvador, el Rey de gloria y de amor, el bendito de Dios que ama mi alma, el que guarda mis días y los exalta en su misma cruz, el que no me perdió más prefirió perder su vida antes que yo me fuera y no me vieran más. El que me amó con amor eterno, con favor y gracia inagotable, mi sustento y mi luz, mi paz y mi rectitud, mi compañía y mi consolación, amo al Señor, lo amo con todo mi corazón.
  • De los que me diste no se perdió ni uno solo, ni uno que haya visto la muerte sino que mira la vida con alegría, con libertad y con justicia en sus ojos, hizo falta ser limpiados y ser purificados con las pruebas para conocer sus corazones, para levantarlos en tu misma gloria, para que aprendan a amar como Tú nos has amado. Por los siglos de los siglos exaltado El Señor, por los siglos bendito el nombre del Señor, el nombre de mi amado Jesús.